Esto obviamente no le hace la menor gracia a los compañeros quienes recurrieron a la derechización del adversario (Unidad Nacional) para lograr su cometido de hacerse con el poder. Sin embargo algunas de las más acertadas medidas del gobierno aprista fácilmente son catalogables como "de derechas" por ser acordes con el
liberalismo (o "neoliberalismo"), la
bestia negra de la progresía: libre comercio (los TLC), negociación con los empresarios (Yanacocha, Telefonica), reducción del aparato estatal (aunque sea por "austeridad"), etc.
Misma moda, la identificación con las izquierdas otorga prestigio ("in") mientras que la derecha solo es digna de sospecha ("out"), incluso en la ambigüedad. Para nuestros
caducos revolucionarios que se disfrazan de demócratas, tal discriminación "positiva" es cuestión de moralidad: no se puede perdonar que un presidente sea democrático acompañándose de derechistas, ni tolerar que sea responsable no cumpliendo con sus promesas (
de izquierda) aún contra su voluntad, tal como sucede en las democracias:
Parece evaporarse –también de momento- un extraordinario capital social y político popular que apostaba por el cambio y que pareció encontrar un canal de expresión pero no tiene cabeza ni conducción para levantar un programa y una propuesta a partir, siquiera, de encarar a García con sus promesas incumplidas y abandonadas. Demasiadas debilidades que dejan en claro la falta de brújula y de compromisos claros en un bloque en el que muchos apostaron simplemente a la repartija de puestos y cuotas de poder. Probablemente, sea a partir de los movimientos regionales y de una renovada articulación política que encuentre cauce este anhelo popular.
Por otro lado, García parece sólo en la cancha porque gobierna en una impúdica alianza con la derecha empresarial y política, expresión de una "superconvivencia" moderna en el que se comparte el lecho del poder político en un "menage de a trois", con Unidad Nacional y el fujimorismo.
Traduciendo: con los capitalistas/empresarios/burguesía/industriales/transnacionales/etc. no se negocia,
se les borra del mapa. Sutilmente con impuestos a las "sobreganancias", o a calzón quitao ("a lo macho") via nacionalizaciones. Ya que la riqueza es como la energia (
no se crea ni se destruye sino que cambia de manos) lo que es bueno para los ricos es malo para los pobres,
y viceversa. Y en cuanto a democracia solo la puede haber
si la izquierda gobierna.
Tal pensamiento/consigna básico, por su sencillo (y ridículo)
corpus teórico suele producir los más furibundos descontentos; y como todo regimen populista se debe a su populorum, para mantenerle cautivo se le debe ofrecer aquello que le satisfaga en el momento no importando lo que suceda posteriormente. El aprocalipsis 85-90 fue la lección más dolorosa que tal inmediatez nos pudo propinar.
Aquellos que votamos con cargo de conciencia por el Alan Damián pero que reconocemos sus aciertos, confiamos en que no vuelva a meter la pata otra vez aplicando esas recetas -intervencionistas- de comprobada ineficacia. De todas formas nos permitimos dudar:
Votar con la mano izquierda en la columna derecha
Por Guille da MausTags:
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APRA.