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martes, 4 de marzo de 2008

SI A COLOMBIA, NO AL CHANTAJE

El incidente provocado por el ataque colombiano a las FARC en territorio ecuatoriano, ha revelado entre otras cosas, lo caradura del presidente ecuatoriano Rafael Correa que, como buen chavista que es, se ha exasperado hasta el límite de lo soportable para ocultar la responsabilidad de su gobierno en esta crisis regional.

Habiendo negado hace poco la presencia de las FARC en su territorio, al gobierno de Rafael Correa no le ha quedado otra que aceptar que incluso sostuvieron comunicaciones a alto nivel, para después intentar limpiarse con que estaban participando en la liberación de la secuestrada Ingrid Betancourt. Ante semejante payasada es previsible que su visita a Lima para entrevistarse con nuestro presidente vaya en la linea del chantaje o de la negociación subrepticia para comprometer a nuestro país en una solución favorable al interés del eje bolivariano Caracas-Quito al cual se suman (ya sea por interés económico o estratégico) Brasilia, Buenos Aires y Santiago de Chile.

Muy probablemente Correa traiga a colación el tema del diferendo limítrofe con Chile a disputarse en La Haya. Como sea que presente la propuesta, mal haría nuestro gobierno en considerarla para tomar posición. Entregados como están al proyecto de la Revolución bolivariana, Ecuador no es digno de confianza. Y el Gobierno de Chile le acompaña en ese camino. ¿Socialistas unidos jamás serán vencidos?

Lo que a nuestro presi le conviene (conociendo el tamaño de su ego) es hacerla de estadista apoyando o proponiendo una solución pacífica al entuerto. Lo ideal sería que se la juegue por Colombia pues se trata de una democracia amenazada por la violencia revolucionaria apoyada por sus vecinos. Pero en estos tiempos en que la correción política manda por sobre todas las cosas (especialmente para la opinión pública) la sensatez puede ser contraproducente. Y todo por el pecado de identificarse con los intereses de Washington, el cuco de moda.

Veremos que posición toma nuestro gobierno, si apuesta por el pacifismo estéril y entreguista de los apaciguadores o por la firmeza en la lucha contra el terrorismo.

Por Guille da Maus

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