miércoles, 10 de diciembre de 2008

Derechos Humanos: entre el buenismo y la cojudez

El bueno buenorro de Pancho Miroquesada echa flores (en más de un sentido) a los Derechos Humanos. Apelando al buen ánimo de mis muy ocasionales lectores remito mi reflexión a algunos punticos de su chelitorial que condensa mucho de los sentimientos alrededor de este importante texto:

No son una entelequia, solo una declaración con extraordinarios buenos propósitos.
Los derechos humanos somos nosotros, todos los peruanos, todos los seres humanos.
¿A quién no se le parte el corazón con esta explicación? Pero justamente porque como seres humanos somos algo más que una declaración con extraordinarios buenos propósitos es que los Derechos Humanos siempre se van a quedar cortos respecto a nuestra humanidad. Como punto de partida son un principio importantísimo, pero como fin son y serán insuficientes por más adendas que le pongan.

Lamentablemente no son pocos los que han hecho de los Derechos Humanos justamente un fín en sí mismo como si este "buenismo" fuera ajeno a nuestra condición humana. De hecho el humanismo posmoderno actual está atravesado por este imperativo categórico. Es así que inevitablemente su insuficiencia se ha convertido en un marco reduccionista que funciona bien... como instrumento político: como ley es dirigida y aplicada a determinados sujetos (el gobierno, el estado, el poder, etc) muy a pesar de su supuesta universalidad.

Quizá a esto se refirió el cardenal Cipriani cuando sentenció que los DD.HH. y sus organizaciones activistas eran una cojudez, alimentando él mismo las narrativas en su contra y autoaplicándose -prácticamente- condena (civil) eterna. Aquello fue un ejemplo de como la declaración de marras podría servir para aplicar la muerte civil a los que no se atenían a ciertos esquemas políticamente correctos. En todo caso el debate que pudo haber surgido respecto a la pertinencia de los Derechos Humanos como norma en tiempos de violencia quedo anulado por la estupidez de propios y ajenos.

El episodio (todavía vigente) recuerda que son más las pasiones que una verdadera conciencia de nuestra humanidad lo que se levanta alrededor del tema de los Derechos Humanos. Esto debería ser una llamada a la reflexión para ubicar el lugar exacto de tan importante documento jurídico en nuestra gnoseología. Pero desgraciadamente se va por el camino contrario a la primacía de la persona y su autonomía como ser libre que es. Echaremos un ojo a esta heteronomía en el siguiente post.

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5 comentarios:

  1. No hay que reducir los DDHH a instrumentos políticos. Los Estados castigan a quienes violan los DDHH (robo, asesinato, etc) pero hasta antes de los DDHH nadie podía vigilar las acciones del Estado. No son los defensores de los DDHH quienes los reducen sino quienes no creen en estos.
    Luego, no puedo creer que tú digas que los DDHH son un buen punto de partida y luego digas que en el contexto del conflicto armado interno se debía debatir su pertinencia.

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  2. Por supuesto: a los terroristas no les importaba los DDHH pero bien que se valían de ellos (hasta ahora) para blindarse. ¿Porque los estados y la ciudadanía tiene que hacerse también responsables de las violaciones cometidas por otros? Actualmente la lucha por los DDHH recurre a la institucionalización de la culpa en lugar de una verdadera pedagogía sobre el sentido humano y esperanzador que la inspiró.

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  3. Lo verdaderamente peligroso en el reconocimiento de "derechos" es que éste supone que la persona no es capaz de defenderse por sí misma y, en consecuencia, alguien debe velar por su garantía.

    Así por ejemplo, el derecho a la educación, presupone que las personas no estám em capacidad de, según sus posibilidades, escoger el tipo de educación que quieren y por esto el Estado "debe" garantizar el acceso a este derecho. Claro está, en estas condiciones, las personas no escogen la edicación que quieren, sino que son simples receptoras de lo que el Estado cree que es conveniente que aprendan.

    Lo que es más grave es que a mayor cantidad de "derechos tutelables" se encuentra el pretexto perfecto para que el Estado de agrande y exija más recursos de los ciudadanos.

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    Gracias

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  5. Asi es Drugo: lo que se supone debería servir de protección al individuo se convierte en paternalismo y tutelaje. Lo peor es que esta perdida de autonomía puede agravarse de extenderse más el repertorio de "derechos". Lo voy a tocar en un próximo post.

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